martes, 10 de mayo de 2011

Formadores, deformadores y deformaciones

Los que trabajamos en la formación docente, fundamentalmente en los primeros años de carrera, ponemos mucho énfasis en des-naturalizar los sucesos que ocurren en la práctica educativa, desestructurar la mirada ingenua sobre aquellas relaciones y quehaceres que parecen obvios. Todos tenemos imágenes románticas y candorosas en relación a la escuela, vinculadas a recuerdos emotivos de nuestra historia individual. Sin embargo en la escuela se expresan cuestiones políticas, sociales, culturales e ideológicas, relativas a nuestro tiempo y circunstancia, a nuestro modo de ver el mundo. En la formación docente estos atravesamientos se dan con mas fuerza aún que en otros niveles porque constituyen los aspectos sobre los que debemos estudiar y formar a las futuras generaciones de maestros.
Ayer, luego de veintipico de años de existencia sostenida, el instituto de formación docente de El Bolsón, inauguraba su edificio propio. Años peregrinando por aulas prestadas con todas las implicancias que eso tiene sobre la tarea y que dice mucho de la importancia que le otorgan a éste nivel formativo las políticas educativas.
Ayer no fue un día de festejo. ¿Era previsible? Tal vez. Hace unas cuantas semanas que el edificio estaba terminado, sin embargo se demoraba la entrega, innecesariamente. Nadie dudaba que la fiesta de inauguración sería de trascendencia política para el actual ministro de educación de la provincia y candidato a gobernador para la elección de octubre. Licito que quisiera sacarle jugo al rédito de salir en la foto de un hecho tan valorado por la comunidad. Parece que no era suficiente, era necesario disciplinar a algunos asistentes.
El nuevo edificio tiene un número importante de puertas que dan al exterior, sin embargo ayer, dia de la fiesta de inauguración, estaban cerradas. Simbolismo lineal, pero simbolismo al fin. De los dos paños de la puerta principal, solamente uno permanecía abierto, controlado por el subcomisario y un grupo de seguridad sin identificación ni uniforme que determinaba, como si se tratara del ingreso a un boliche, quién entraba y quién no. Llamativamente (¿?) no podian entrar los estudiantes del instituto, tampoco sus hijos o padres, ni los docentes que trabajamos en la institución. Tampoco alcanzó con impedir la entrada, entonces hubo maltratos, insultos, manoseos (a las mujeres, como no podia ser de otra forma) y amenazas directas ("sabemos dónde encontrarte y te vamos a ir a buscar"). Dados los numerosos antecedentes recientes, y no tanto, vinculados a los mismos sectores de la "seguridad", la amenaza se hace plausible.
Mientras tanto el auditorio del instituto estaba colmado por invitados especiales, adictos a la política del actual gobierno. Licito también,todo acto necesita del coro de aduladores. Garantizado el aplauso, ¿para que insistir con el abuso y el maltrato de otros sectores?.
Hubo dos actos, uno dentro y otro fuera. La decisión de quedarse afuera fue producto de la provocación a la cuál no se respondió con violencia, sino con docencia. Ni a irse ni a quedarse, sólo a resistir (Gelman dixit). Ayer después de todo esto, seguimos trabajando, hubo clases y también reuniones y nuevos mensajes de disciplinamiento provenientes de la superioridad jerárquica.
Los que no estuvieron ahi, se enteraran por los diarios locales y regionales, por la televisión local y las radios. El mismo poder que impidió la entrada a docentes y estudiantes de la institución destinataria del edificio que se inauguraba, construyó también el relato de lo ocurrido. No dicen que hubo maltratos. No dicen que el edificio fue posible gracias a un programa del estado nacional. No dicen que el acto se hizo con los estudiantes y docentes afuera. Dicen que había manifestantes. Dicen que fue el otro candidato a la gobernación el que produjo la situación. Dicen que fue el sindicato docente. Montaron un escenario. Escribieron un libreto. Hoy escriben la reseña del guión que produjeron previamente. Nosotros fuimos actores involuntarios de la trama. No puede volver a pasarnos. Ahora nos toca contar la historia, desestructurar esos mensajes, mostrar los hilos que sostienen la trama. La educación como constructora de ciudadanía es nuestra primera tarea. A eso le temen.

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