viernes, 31 de diciembre de 2010

Una esperancita

Tal vez porque vivo en un provincia gobernada por los radicales desde 1983, esa donde Alfonsín soño trasladar la capital, Río Negro. Y además porque vivo en El Bolsón, una ciudad un tanto olvidada y ajena a las runflas políticas de la provincia, mi esperancita tiene que ver con ingresar a ese nuevo universo que es la Argentina post 2003. Por esas cosas que tiene el mapa de la división política, la patagonia es un espacio fragmentado segun los paralelos, en las provincias patagónicas el poder se tensiona entre la costa y la cordillera, y la costa gana...por eso de los puertos que emulan el puerto central. Para peor, en Rio Negro las únicas ciudades cordilleranas son Bariloche y El Bolsón; no hace falta agregar que la primera no necesita demasiado de la provincia...tiene sus propios recursos y medios, casi un principado. En cambio El Bolsón es el último confín, mas cerca de Chubut y las "bondades" del modelo dasnevista, está atrapada entre el olvido y sus propias contradicciones. Aquí hemos llegado muchos desde distintos lares, un número importante expulsados de las grandes ciudades en el 2001, somos un tanto hippies, un tanto anarcos, multiculturales, diversos, cosmopolítas y otras cosas. Tenemos un intendente que se hizo celebre por el affaire con Gonzalito de CQC, que entiende la gestión política municipal por la vivienda organizando las tomas de viviendas y terrenos y, ciudadanos que no votan porque tienen el domicilio en las localidades chubutenses cercanas (Lago Puelo, El Hoyo) porque pagan mas barata la patente del auto o se evitan pagar ingresos brutos.
En ese contexto mi esperancita, formar parte del país que leemos a diario y sobre el que debatimos y que nos empiecen a leer también a nosotros. Es claro que la importancia electoral de un distrito pesa a la hora de las decisiones políticas pero no se puede construir ciudadanía plena bajo ese solo criterio.

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